Lo primero es lo primero: estoy enamorada de esta mujer, de sus jabones, sus técnicas, sus explicaciones y los utensilios que hace. Y mi amigo Monchi-Ubecleb es un genio de la impresión 3D. Así que… sumad dos y dos.

Rasqueta

Oops. No la he lavado bien antes de hacer la foto. Me pierde el entusiasmo.

La técnica no puede ser más sencilla, pero tiene su aquel. Se trata de separar la mezcla en tantas partes como colores quieras, pero cuando está en punto de emulsión, no más. Luego, a cada parte se le añade su color y se le termina de dar la traza, pero justo antes de verterla, porque va a haber espera entre capa y capa.

Para la primera capa en el molde, en este caso el verde, se añade el jabón en traza media. Luego pasamos la rasqueta siempre al mismo nivel. Para eso sirven las guías: para poner un palillo a lo largo que vaya apoyado sobre los bordes del molde mientras movemos la rasqueta. Obviamente, la rasqueta va desplazando mezcla de jabón, que conviene ir retirando con una cuchara porque si no, al final, se acumula una barbaridad. Hay que repetir la operación un par de veces y luego dejar que se endurezca. ¿Cuánto? Dependerá de la traza y de la temperatura ambiente: cinco minutos, veinte. No tiene que estar dura-dura, solo aguantar la forma.

Preparamos el siguiente color, a traza fina-media, y repetimos la operación. Yo me he conformado con dos capas de colores porque, francamente, iba más bien acojonada (y sí, estoy intentando diseñar un jabón para Navidad). Decoramos la superficie con los restos, tapamos el molde, al horno precalentado a 70º, apagamos el horno y nos olvidamos de él hasta el día siguiente.

Para la próxima: cortaré el jabón del revés para que no entren en la parte clara los colores de la parte superior.

En cuanto a los colores… ay, los colores. Que no me dan más que disgustos. He utilizado estos, de La Gran Velada (el rojo y el verde, se entiende; los azules aún están por estrenar).

La cantidad: 1 cucharadita por cada 400 g de mezcla de jabón. Como se ve en las fotos de los jabones, no son «rojo vivo» y «verde esmeralda», y eso que con Photoshop les he dado algo de vidilla. La próxima vez haré dos cosas: más cantidad, quizá 1’5 cucharaditas por cada 400 g de mezcla, y trabajar sin descuento de agua para forzar la gelificación, aunque eso implique, ay, esperar más para desmoldar. Aviso para navegantes: el rojo mancha que es un escándalo. Limpiad bien el cuenco, la cuchara, todo, con papel de cocina antes de intentar lavarlos, porque… madre mía, si vierais el interior de mi lavavajillas. Parece que por ahí haya pasado Dexter.