Este jabón tiene una pinta tan de lujo que me sale decirlo en francés, idioma del que sé tres palabras (chocolat, très y chic; lo de savon he tenido que googlearlo).

¿Receta? Cualquiera, y ni siquiera hace falta ir con mucho cuidado, porque he tenido la sensación de que el chocolate ralentizaba la traza. Solo hay que añadir un 9% del peso total de los aceites en chocolate negro, muy negro. He utilizado este, con un resultado bárbaro. Y sencillísimo además: basta con derretir el chocolate con el resto de las grasas sólidas y luego proceder como de costumbre. Conviene tener en cuenta que más de la mitad del chocolate que añadamos son grasas adicionales, así que no conviene excederse con el sobreengrasado.

Como soy un poco suicida no he podido resistirme y a las veinticuatro horas de desmoldarlo he utilizado un trozo. Pequeñito, lo juro. Obviamente no está en su mejor momento, pero hace una espuma muy agradable y cremosa, y contra lo que pensaba no es marrón. Recordemos que los jabones con colores muy oscuros hacen espuma «coloreada», aunque lavan perfectamente y no manchan. Que es lo suyo cuando se utiliza un jabón.

La decoración es de mica dorada dispersada en aceite de almendra. Y el sello del arbolito… a ver si me compro otro, que solo me falta poner el puñetero árbol en mi perfil de Facebook.