Vamos mejorando un poco con el manejo de la percha. No es como para tirar cohetes, pero es un progreso, sin duda. Lo primero, la receta, que he hecho unos cuantos cambios para probar otros aceites. Soapcalc dice que no está mal, y a menos que alguien me diga lo contrario es bastante equilibrada. Problemilla: se me olvidó añadir el 5% de sobreengrasado habitual, así que no es tan hidratante como me gustaría, aunque el tipo de aceites más o menos compensan. Y se me olvidó cambiar la demencial cantidad de fragancia que aparece por omisión. Un día de estos vamos a tener que hablar de las diferencias entre aceites esenciales, fragancias y los dolores de cabeza que me están dando entre los dos.

Pantallazo de Soapcalc con la receta
  • 80 g de agua
  • 80 g de cubitos de hielo
  • 118 g  de sosa cáustica
  • 300 g de orujo de oliva
  • 200 g de coco
  • 150 g de manteca de cerdo
  • 50 g de girasol
  • 50 g de palma
  • 25 g de lino
  • 25 g de ricino
  • 2 cucharaditas de azúcar
  • 2 cucharaditas de sal
  • 2 cucharaditas de caolín blanco
  • 1 cucharada de aceite esencial de cedro
  • 1 cucharadita de óxido de hierro
  • 1 cucharadita de espirulina
  • 2 cucharaditas de dióxido de titanio ya disueltas en 2 cucharadas de agua*

Mezclamos el azúcar y la sal con el agua hasta que se disuelvan. Añadimos los cubitos de hielo y la sosa cáustica, removemos bien y dejamos enfriar. Habrá que remover de cuando en cuando. Mientras, disolvemos las grasas sólidas en el microondas, añadimos las líquidas y dejamos enfriar también.

Prepara tres recipientes pequeños y pon en ellos el caolín, la espirulina y el óxido de hierro. Por todos los dioses que en el mundo han sido, cuidado, que el óxido de hierro lo mancha todo en cinco metros a la redonda. No lo metas en el lavaplatos, a no ser que quieras vajilla rosa. Luego, añade el aceite esencial al caolín, una cucharada de aceite al óxido y otra a la espirulina. Mezcla bien. Si te fijas en la foto que ilustra esta entrada verás que yo no he mezclado muy bien la espirulina. Diré que buscaba un look jaspeado, a ver si cuela.

A continuación hay que mezclar la sosa y las grasas y batir hasta el punto de traza fina, muy fina, finísima. Es el momento de incorporar el caolín con el aceite esencial, que por suerte es uno de los que se comportan bien, y 2 cucharadas de la mezcla de dióxido de titanio y agua, y batir un poquito más, lo justo para integrarlo.

Ahora viene lo que hice y lo que, bien pensado, no debería haber hecho: las proporciones. Aparté como un cuarto de la mezcla para teñirla de rosa, y un cuarto de lo que quedaba para teñirlo de verde. En retrospectiva, fue demasiado. Mucho menos de cada habría sido mejor y más elegante, pero bueno, va en gustos. En fin. El caso es que al final tienes que acabar con un recipiente de mezcla color blanco-crema, otro rosa y otro verde.

Vierte en el molde una capa de blanco y luego, a un par de centímetros de un lateral, una línea larga y gruesa de verde. Sobre la línea verde, otra igual, encima, de rosa. Vierte más blanco en el otro lateral, procurando que no se mezcle con las otras, y con una espátula ve echándolo poquito a poco, con cuidado, sobre las líneas de  colores. La idea es no echar blanco directamente encima para no dañar las capas. Cuando estén cubiertas, añade otra capa de blanco y repite la operación. Idealmente, acaba con una capa de blanco, cosa que yo no pude hacer porque se me había ido la mano tiñendo.

Ahora viene la percha, o el artilugio que te hayas fabricado. Introdúcelo en vertical hacia abajo, en el centro de las líneas de colores, hasta el fondo, y arrastra hasta la pared contraria del molde. Sube un par de centímetros y mueve hasta otra pared. Sube un par de centímetros y mueve hasta la pared contraria. Y fuera la percha.
O bien muévela como te dé la gana, a ver qué efecto sale. Solo procura no pasarte removiendo o los colores se mezclarán demasiado.

Tapa y mete en el horno a 40º una hora. Apaga el horno y deja reposar toda la noche. O si tu horno no permite temperaturas tan bajas, envuelve bien el molde para aislarlo. Lo importante es mantener la temperatura tanto como sea posible.

*Lo de disolver el dióxido de titanio es un tostón impresionante, así que he preparado una cantidad maja, 1 medida de dióxido de titanio por cada 3 de agua, y la tengo en un tarro de cristal con tapa hermética. También he metido unas tuercas. Lo de las tuercas tiene sentido, en serio: sirven para agitar el tarro y dispersar bien la mezcla antes de utilizarla).

Qué hemos aprendido:

El azúcar y la sal en el agua, antes de añadir la sosa cáustica, tienen como objetivo mejorar la espuma (el azúcar) y endurecer la barra (la sal). Parece que lo segundo es un poco leyenda urbana. Seguiremos investigando.

Cuidado con el óxido de hierro, en serio. Lo mancha todo. Aún estoy intentando quitar el rojo de la rejilla del lavaplatos. Cuando uses óxido de hierro, pon todo lo que hayas utilizado (cucharilla, recipiente, palillos… todo) en un túper grande, viejo, y no lo mezcles con el resto de los utensilios. Lávalos aparte, y sí, tendrás que echar mano de la lejía.

Errores:

Hay que tener más claro el diseño y las proporciones antes de empezar a mezclar colores alegremente. No es que haya quedado mal, pero no es lo que buscaba. Y nunca, nunca, nunca hay que meter en el lavaplatos el cuenquito donde se mezcla el óxido de hierro, ni la cucharita, ni el tenedor, ni nada que haya estado en el mismo planeta. La madre que lo trajo. Llevo una hora quitando manchas de rojo. Hoy comemos algo con mucha salsa de tomate para disimular.

¿He dicho ya que el óxido de hierro mancha mucho?