Manos a la obra. He echado mano de un molde de silicona con nueve huecos, así que he elegido nueve colorantes, unos cotidianos, otros quizá un poquito menos, pero todos accesibles. Lo primero, he preparado un jabón base con inmensa mayoría de grasas blancas. He tenido que añadir grasas líquidas, algo menos blancas ellas, para que me saliera suficiente cantidad y para tener algo en lo que dispersar los pigmentos (y porque casi no me quedaba aceite de coco, mea culpa).

Receta, que según Soapcalc es bastante equilibrada: 115 g de agua, 90 g de sosa cáustica, 225 g de aceite de coco, 225 de manteca de cerdo, 75 g de aceite de girasol, 50 g de aceite de ricino. ¡No mezcles el aceite de girasol! Ahora te explico.

En cuanto a los colorantes, esta es la alineación del primer equipo:

Colorantes

Fondo: cacao, cúrcuma, cayena molida. Centro: pimentón, espirulina, óxido de hierro. Delante: mica azul, mica violeta, colorante amarillo-verdoso con base de alcohol.

Por un lado he derretido las grasas sólidas en el microondas, y por otro he preparado la mezcla de sosa y agua.  Mientras todo se enfría, he puesto un poquito de colorante (a ojo, sí, no voy a sacar la báscula de cortar cocaína para esto) en cada recipiente y he añadido una pequeña parte del aceite de oliva. Luego, he mezclado bien, limpiando el palillo de mezclar entre color y color (c0n perdón por la obviedad). Este es el resultado:

Colorantes mezclados con aceite

Los colorantes, en la misma formación que en la foto de los ingredientes. Sí, habría quedado mejor con nueve tarritos iguales. Ya sabéis qué regalarme en mi cumpleaños.

Ahora solo queda añadir la sosa a las grasas y batir hasta un punto de traza fina. Que sea fina, en serio, que luego hay que batir otra vez con cada color. La he repartido entre nueve vasitos de silicona (mira, de estos sí tenía nueve iguales y no se me ha ocurrido hacer la foto; soy un genio), y a cada uno le he echado su colorante correspondiente. Para incorporar bien el colorante, lo ideal es una batidora a pilas, pequeñita, de esas que se usan en plan pijo para hacer espuma de leche. Cuestan calderilla en cualquier tienda de todo a cien. Una vez hechas las mezclas, cada una a su hueco del molde, siempre en el mismo orden.

Obsérvese el desastre del colorante líquido, que ni siquiera ha teñido el jabón, se ha limitado a acelerar la traza. Los demás se han comportado bien, aunque es obvio que tanto la cayena como el pimentón no se dispersan bien en el aceite, y la cúrcuma da un color mucho más anaranjado que amarillo (o igual es un problema de cantidad; habrá que probar con menos).

Así mismo ha ido el molde al horno para la gelificación: me habría gustado darle una hora a 30º, pero tengo un pollo esperando turno. El jabón se tendrá que conformar con media horita.

Y este es el resultado, en el mismo orden. Quizá los colores habrían sido más vivos con una gelificación más larga (de hecho, algunos de los jaboncitos, como el de óxido de hierro y el morado, tienen un problema llamado gelificación parcial. Echadle la culpa al pollo. No tiene más efecto que el puramente estético).

Colorantes