Llevo meses haciéndole ojitos al Soap Challenge Club, un «desafío» jabonero en el que se propone un tema o una técnica, una profe invitada prepara un tutorial, y luego cada participante presenta una foto de su creación. Este mes me he lanzado porque año nuevo y patatas, y porque a mí hace falta poco para picarme. Y, para rematar, porque han estrenado grupo en Facebook, cerrado, solo para participantes: una «burbuja de apoyo» (sí, el juego de palabras está pensado) para resolver dudas a los más novatos, como moi, aparte de pasarnos mutuamente la mano por la chepa en caso de pifias.

Voy a empezar por el final: me lo he pasado como los indios, pero esto es letal para una neurótica obsesiva y altamente competitiva como yo. Letal. Así que la pregunta es: ¿repetiré el mes que viene? Y la respuesta es: pobre del que intente impedírmelo. Ya he dicho que iba a empezar por el final.

Y ahora, sí, por orden.

Cada mes hay dos desafíos para diferentes niveles de experiencia. Solo se puede participar en una categoría, aunque se pueden enviar fotos de propi a una de «bonus». Participar cuesta unos 12 euros, hay premios (generalmente vales regalo del patrocinador de desafío) y en enero se han inscrito más de cuatrocientas personas de treinta y cinco países.

El desafío «fácil» de enero es una técnica con sal gruesa, y el difícil, una imitación de geodas. Como el enlace al Soap Challenge Club os llevará a una página diferente según cuándo leáis esto me he tomado la libertad de hacer una captura de pantalla:

cristales de sal y geodas

Amy Warden es la anfitriona y gurú del desafío, y la autora de estos dos jabones.

Según las normas, las geodas del segundo se tenían que hacer con jabón «melt & pour», el típico de glicerina. Como ese no lo tengo controlado, y además soy ambiciosa pero no estoy loca, me he quedado con el primero. Y como técnica, es una pasada.

A grandes rasgos, consiste en poner sal gruesa (cuanto más gruesa, mejor; la ideal es la que viene en molinillos, pero yo he utilizado también de la otra y da muy buen resultado) en el molde y volcar encima la mezcla de jabón con traza media. El vertido hay que hacerlo con cuidado para no mover mucho los cristales de sal, y lo de la traza media es para que no se cuele demasiado entre los cristales y acabe todo como un mazacote. Hay que hacerlo en un molde de poco fondo, o bien en un molde largo normal, pero llenándolo solo unos 3 cm. Para mi primer intento opté por un molde de poco fondo forrado con papel de horno. Y lo de forrar moldes con papel de horno no es lo mío.

Jabon con cristales de sal

Obsérvense las arrugas. La arruga no es bella. No siempre, y desde luego no en un jabón. Pero señalaré que, para un primer intento, no está ni medio mal: la sal rosa del Himalaya, que tiene maravillosas propiedades decorativas y absolutamente ninguna otra, queda muy bonita en contraste con el turquesa-aguamarina jaspeado, y si os fijáis bien han salido unos bonitos halos blancos en torno a los cristales.

El segundo intento… digamos que proporcionó una buena sesión de risas en el grupo de Facebook. La mezcla de jabón tuvo una reacción chunga llamada ricing cuando añadí la fragancia. Corramos un tupido velo. Urgentemente.

Rápido, ese velo, que alguien se lo eche encima.

Luego, inspirada por el desafío de los mayores, digo de los expertos, probé a hacer mi versión de las geodas. Utilicé moldes de silicona individuales y pinté el fondo con mica dorada, aplicada con un pincel seco. Luego, encima, la sal (blanca en esta ocasión). Creo que se me fue la mano con la cantidad y algunos parecen la boca del gusano de Dune, pero el efecto general no es malo.

Da miedo meter un dedo ahí dentro…

Cambio al molde individual ovalado. Estos… meh. Un poco camafeos. No me han colmado de gozo. Pero la mica dorada, que no falte.

Y luego ya se me fue la pinza e hice una mabelada satánica. Ni que decir tiene que a Mabel le encantan. Todos suyos. La sal aquí está teñida de negro con carbón activado en polvo: basta con poner una cantidad mínima en una bolsita junto con la sal, cerrar (bien), sacudir (bien), y voila! Sal del color elegido. Si tuviera que poner nombre a este jabón sería «La masacre del calamar».

Mabel, pasa pronto a recoger esto, que hacen juego con tu coche y con tu carácter.

Vamos ahora con los triunfos. Y mi primer triunfo empieza aquí, con sal blanca, gruesa, dibujando un río en el fondo de un molde largo. Luego he teñido de azul una parte de la mezcla de jabón y la he mezclado con el resto sin remover demasiado antes de hacer el vertido. Al horno a 70º una hora, enfriar hasta el día siguiente y este es el resultado. Sí, podría haber sacado la barra entera en la foto, pero la compo, hijos míos, la compo. La compo manda.

Del molde han salido cuatro pastillas y, con un punzón y mucho mimo, he dibujado unas grietas. Hay que ir con cuidado y retirar los restos de jabón con un pincel seco o queda bastante guarrete, pero vamos, no se ha dado mal.

Aquí, el punzón. Antes de retirar los restos, como se ve claramente.

Después hay que coger las gafas de ver de cerca y pintar las grietas de un color que combine bien con el jabón. El color se obtiene mezclando mica con un poquito de alcohol, y aplicándolo con un pincel finito, maña y paciencia. Yo tenía el pincel finito y la maña. Dos de tres. No está mal. ¿He dicho ya que el color elegido tiene que combinar bien con el jabón? Aquí van dos ejemplos de colores que no combinaban.

(Foto tomada con el móvil chungo; la casa no se hace responsable de ese horror de luz).

En cambio, esta mica turquesa sí que combina de maravilla. Modestia aparte. También le he dado un poco de «profundidad» al río de sal con un azul más oscuro, aplicado con pincel seco. He cargado un poco demasiado el pincel, así que he tenido que limpiar parte con un bastoncillo de algodón. ¿Alguien ha intentado limpiar un grano de sal sin moverlo? Yo ya puedo tacharlo de mi lista de cosas pendientes.

Para matizar el azul intenso, un poco de mica perlada, igual, con el pincel seco. Y en las «orillas», mica dorada. A estas alturas ya habréis notado que la mica dorada me gusta más que comer con los dedos.

Y así queda la foto que presento a competición. Obsérvese que la que tiene la sima en medio del río no clasificó para la gran final.

He dicho que es la que presento a la competición. Bueno, sí y no. La presento en la sección «bonus». Porque mis jabones oficiales para el concurso son estos, que lo tienen todo: mica coloreada, tonos lila que me encantan, mucho dorado, halos, cráteres… Según Ian, son camafeos. Pues vale.

¿Cuántos jabones he hecho para este, mi primer reto? Buena pregunta. No hay respuesta fácil. Bueno, sí, pero me da un poco de vergüenza. Mejor os lo enseño.

Menudo lote.

(Por si queréis ver la técnica en acción, este vídeo la resume estupendamente).