¡Página en constante actualización! Aditivos, cómo utilizarlos y para qué sirven, según voy averiguando en Internet o por experiencia (dolorosa experiencia en ocasiones).

Ácido cítrico: 1-2% del peso total de aceites disuelto en 4 veces su volumen en agua. A la traza. Contribuye a evitar que el jabón se enrancie si nos hemos pasado con ácidos linoléico y linolénico (pero no hace milagros). También da mejor espumita, sobre todo si el jabón se utiliza en zonas de aguas duras. Incrementa el sobreengrasado, ojo: si no se quiere un sobreengrasado adicional hay que compensar con mayor cantidad de sosa cáustica. Este artículo es una maravilla y hace muy bien los cálculos. Por ejemplo, si tenemos 1000 g de aceites (lo que viene siendo un kilo) y queremos añadir un 2% de ácido cítrico, eso van a ser 20 g. Según su fórmula, en este caso concreto hay que sumar 12 g de sosa cáustica a la cantidad calculada inicialmente. Y luego dicen que para qué sirven las matemáticas.

Azúcar: el jabón dará más espuma. 1 cucharadita por cada medio kilo de aceites. Disuélvelo en el agua antes de añadir la sosa. En serio. Antes. Si se te olvida, no lo añadas después, que no va a funcionar.

Caolín blanco: 1/2-2 cucharadas por cada medio kilo de aceites. Es una arcilla en polvo y si haces caso de lo que dicen sirve para proteger la piel y exfoliarla a la vez, cosa que me parece curiosísima (e improbable). Lo más interesante es que absorbe muy bien los olores, así que se utiliza para «anclar» los aceites esenciales o fragancias y así duran más. Es mejor hacer la mezcla con 24 horas de antelación y añadirla a la traza.

Carbón activado: se añade a los aceites antes de incorporar la sosa.

Cera de abeja: Se derrite y se añade a la traza, un máximo de 2% de la cantidad de aceites. Aporta algo de dureza a la pastilla de jabón. Aparte de eso, solo hace bonito en la etiqueta, y además acelera la traza. No, gracias.

Dióxido de titanio: para hacer blanco el jabón, o para aclarar colores demasiado intensos. 1 cucharadita por cada medio litro de aceites. Hay que añadirlo en el punto de emulsión, pero antes hay que dispersarlo en agua o aceite (1 parte de DT por 3 de agua o aceite). Y sí, agua o aceite. Hay que mirar la etiqueta. Si se dispersa en el medio que no es, o si no se dispersa bien, acabamos con un jabón lleno de motitas blancas. No mola nada.

Lactato de sodio: 1 cucharadita por cada medio litro de aceites. Se añade a la mezcla de sosa ya tibia. Sirve para endurecer y poder desmoldar antes el jabón.

Miel: 1 cucharadita por cada medio litro de aceites, disuelta en 1 cucharadita de agua. Hace el mismo efecto que el azúcar, solo que la miel disuelta se añade a la traza. Y queda mucho más molón en la etiqueta.

Óxido de hierro (rojo): una cucharadita disuelta en una cucharada de aceite. Se añade a la traza, batimos y comprobamos el nivel de color, y si hace falta añadimos más. Cuidadito con esto, es una bomba atómica: si no añadimos la cantidad adecuada, el color que da al jabón es más rosa que rojo, pero cualquier cosa que toque la mezcla de aceite (un plato, el lavavajillas, el estropajo, un trapo de cocina, el universo) se lleva mancha y luego cuesta la de dios quitarlas.

Sal: sustituye al lactato de sodio. Sirve para endurecer antes el jabón y desmoldarlo mejor. 1 cucharadita por cada medio kilo de aceites. Disuélvela en el agua antes de añadir la sosa. Lo mismo que el azúcar: no se te ocurra añadirla después, que no, no se disuelve.