Antes que nada, va a la categoría de desastres por el color, aunque hay discrepancias: mi amiga Mabel opina que tiene el «Color arena San Lorenzo cuando el Piles va limpio» (traducción: el color de la arena de la playa de Gijón cuando el río que en ella desemboca baja con las aguas limpias). Para mí, tiene «Color vómito de rata enferma del hígado». Eso no necesita traducción. Como Mabel tiene un problema de ceguera cromática y yo tengo un problema de inseguridad crónica hemos sometido la cuestión al dictamen de mis contactos en Facebook. ¿Resultado? Vómito de rata. Por goleada. Aunque se ha llevado bastantes votos una propuesta alternativa de «Color pan de molde con moho de muchos días».

Va la receta, porque el jabón en sí está bien:

Receta jabón de café
  • 100 g de agua
  • 105 g de café congelado en cubitos (se puede hacer con café instantáneo, claro; no es cosa de gastar el Jamaica Blue Mountain en esto)
  • 140 g de sosa cáustica
  • 2 cucharaditas de lactato de sodio
  • Un par de cucharadas de posos de café
  • 300 g de orujo de oliva
  • 200 g de aceite de coco
  • 200 g de manteca
  • 150 g de aceite de palma
  • 75 g de aceite de girasol
  • 50 g de aceite de ricino
  • 50 g de aceite de lino
  • Unas gotas de colorante color café (que no han servido para gran cosa)
  • 1 cucharada de café instantáneo

Preparamos el jabón como siempre, solo que sustituyendo la mitad del agua por café congelado. Es mejor congelar el café, en serio, para que no se «queme» con la temperatura que alcanza al mezclarlo con la sosa. Una vez tibio, añadimos el lactato de sodio. No es necesario, pero ya dije que iba a acabar la botellita… Luego, mezclamos con los aceites también tibios (y las grasas duras ya derretidas, se entiende) y batimos hasta el punto de traza fina. Ahí he apartado un poco de mezcla para hacer unas vetas, que como se puede ver en la foto principal no han sido ningún éxito. Agregamos los posos de café y batimos bien. Añadimos colorante, a ser posible uno que funcione, no como el que he utilizado yo, y al molde por capas, o como os dé la gana, que total p’aqué. Lo único que ha quedado resultón es el café instantáneo que he echado por encima, a un ladito. Luego, 1 hora tapado en el horno a 40º y toda la noche enfriando en el horno apagado.

Barra de jabón de café

Casi ni se nota que ya lo he cortado, ¿verdad?

Lo primero que salta a la vista es el color. Si a mí me ponen algo de ese color para desayunar yo no me lo tomo. Un poco más aceptables han quedado las vetas, pero tampoco como para parar las rotativas. ¿El aroma? Pues, la verdad, lo mejor por el momento: el café instantáneo de la parte superior, si no pierde el olorcito rico, le ta un toque muy atractivo.

Qué hemos aprendido:

El café pierde el color durante el proceso. Esto ya me lo habían dicho, pero no hasta qué punto. Qué barbaridad.

Los posos de café le dan un aspecto sucio. Ganas me da de repetir esto pero con café instantáneo en lugar de posos… Mmm…

El café instantáneo de la parte de arriba, que en principio era solo para adornar, le da un aroma de lo más interesante. De nuevo, mmm.

Como sistema para reciclar las cápsulas de Nespresso esto es una birria. A ver, en casa caen entre seis y ocho cápsulas al día. Esta receta lleva el contenido de 2 cápsulas (los posos), y salen 11 pastillas. Una pastilla de jabón nos dura como mínimo dos semanas. A mí no me salen las cuentas.