Ya sé que parecen ingredientes para un desayuno, pero se supone que la avena y la miel son ideales para pieles sensibles. La verdad, tengo mis reservas, sobre todo con lo de la miel. Lo de la avena sí parece tener  alguna base científica, pero estas cosas me dan mucho reparo: vale, la avena es buena para la piel, pero ¿en qué cantidad? ¿Sobreviven sus propiedades al proceso de saponificación? ¿Sirve de algo en un jabón que solo está en contacto con la piel unos segundos, antes de aclarar? Ni idea, de verdad.

Lo que sí puedo garantizar es que el jabón es muy bonito. Que la avena es un exfoliante delicado. Que el aroma de la avena es delicioso, y que la miel le da un color tostado y una espuma increíble. ¿Os basta con eso?

Ahí va la receta.

Captura de pantalla de Soapcalc

  • 200 g de agua
  • 130 g de sosa cáustica
  • 500 g de aceite de oliva
  • 100 g de aceite de coco
  • 150 g de manteca de cerdo
  • 50 g de aceite de ricino
  • 50 g de aceite de almendra
  • 50 g de aceite de palma
  • 100 g de manteca de karité
  • 2 cucharaditas de lactato de sodio
  • 2 cucharadas de avena molida
  • 1 cucharadita de miel

Notas sobre la receta: esta vez he utilizado lactato de sodio en vez de sal para garantizar que la barra de jabón iba a quedar dura, porque al llevar miel no lo he metido en el horno. Los jabones que llevan azúcares pueden sobrecalentarse… pero por lo visto aquí la cantidad no era para tanto. La próxima vez vaya si va al horno, que ha estado en un tris de sufrir un caso grave de gelificación parcial. Ni que decir tiene que lo de la miel ha hecho que tampoco añadiera azúcar. He utilizado la mitad de aceite de coco que en mi receta habitual porque es el más «limpiador». Lo de limpiar está muy bien cuando se trata de jabón, pero parece que es más agresivo para la piel. También he disparado la parte hidratante doblando la cantidad de manteca de karité. La avena la he molido a golpe de Thermomix, pero vale con cualquier robot de cocina. La miel se diluye en una cucharada de agua y se añade a la traza junto con la avena.

En cuanto al sello… mola todo. Hay que dar con el momento exacto para «estampar» el jabón, que no esté demasiado blando ni demasiado duro. En este caso, ha sido unas doce horas depués de cortarlo. Y que no se me olvide: entre estampado y estampado hay que pulverizar el sello con alcohol para que no se pegue. Aún así, se nota que el sello es de los baratitos tirando a cutres. La próxima vez me compro uno sin tanto recoveco, que cada dos minutos tenía que darle con un cepillo de dientes viejo para sacarle los trocitos de jabón que se quedaban en el dibujo.