Debe de ser el ingrediente al que menos atención prestamos al hacer jabón. Los aceites nos fascinan, a la sosa cáustica le tenemos respeto, a los colorantes y aromas dedicamos horas de estudio y montones de dinero… Pero el agua, total, sale del grifo. Como mucho, los más exquisitos (o los que viven en zonas de aguas muy duras) utilizan agua destilada. Como para la plancha. Y ya.

Pero en algo tan aparentemente estricto como la receta del jabón, el agua es un elemento que podemos alterar sin riesgos (casi) para conseguir efectos muy llamativos. La cantidad de sosa cáustica depende de la cantidad y tipo de aceites, pero ¿qué nos marca la cantidad de agua? Nada. Bueno, sí, es imprescindible que haya más cantidad de agua que de sosa para que se disuelva bien, pero aparte de eso… ancha es Castilla. Puedes disolver 100 g de sosa en 125 g de agua. O en 200 g. O en 250 g. El jabón saldrá. Pero no saldrá igual.

Las diferentes calculadoras tienen sus preferencias. Mi favorita, Soapcalc, tiene un valor por omisión de 38% de agua (con respecto a la cantidad de aceite). Si estás empezando, al menos al principio igual es buena idea no toquetear esas cosas. Si estás empezando y eres como yo las toquetearás al tercer jabón que hagas.

Lo habitual es añadir menos agua de la que pide la receta. Esto es lo que se llama descuento de agua, y tiene varias ventajas: será más fácil desmoldar el jabón, lo podrás desmoldar antes, tardará menos tiempo en curarse, la barra será más dura, reduces el riesgo de ríos de glicerina. Entonces, ¿por qué la calculadora no te da el descuento ya por omisión? Pues porque la cosa también tiene sus contras, principalmente la velocidad a la que se puede acelerar la traza. Tiene sentido: menos agua, más rápida es la emulsión. Si tienes en mente un diseño complicado que requiere que la mezcla permanezca fluida mucho tiempo igual es mal momento para racanear con el agua. Lo mismo se aplica si estás probando un aceite esencial o una fragancia, que a veces tienen la mala costumbre de acelerar la traza a lo bestia.

La cosa no termina aquí. La cantidad de agua también afecta al aspecto del jabón terminado. Es muy sencillo: a mayor cantidad de agua en la receta, más probable es que se dé la gelificación a una temperatura menor, y ya sabemos lo que consigue la gelificación: colores más vivos y un jabón más translúcido (a falta de una palabra mejor). Así que, de nuevo, descontar o no descontar, he aquí el dilema cuya respuesta dependerá del efecto final que busques.

Para muestra, un botón: he hecho una mezcla de aceites para un jabón normal, sin colores ni aromas. Luego he puesto 4/5 partes en una jarra y 1/5 parte en otra. He dividido de la misma manera (4/5 + 1/5)  la sosa correspondiente a esa cantidad de aceites, y he puesto agua en dos recipientes: en una, para los 4/5, la suficiente para hacer una solución al 45%, o sea con un descuento potente. En otra, para el 1/5 restante, la suficiente para hacer una solución al 30%, sin apenas descuento. Luego, batidora.

Momento metedura de pata, que no podía faltar: calculé que había riesgo de que se acelerara la traza en la jarra con más mezcla, la del descuento. Y sí, tiene lógica… pero no tuve en cuenta que hay otro factor, que es la cantidad. La jarra con menos mezcla tenía unos 200 g de producto. Fue meterle la batidora y natillas instantáneas.

De todos modos, eché en un molde parte de la mezcla con descuento, y luego, a cucharadas, que no había otra manera, la mezcla sin descuento. Al horno, a enfriar… y este es el resultado.

descuento de agua

No es precisamente el efecto que buscaba, pero ilustra el tema del descuento, ¿no?

¿Qué utilidad tiene saber esto? Pues toda para controlar el aspecto final de nuestros jabones (que no tienen que parecerse a ese engendro de arriba). Y como técnica de decoración permite resultados espectaculares, el legendario ghost swirl (remolino fantasma), como podéis ver en el blog de Auntie Clara. Algún día esto yo lo voy a bordar. Algún día.