Este jabón tan monísimo y en apariencia tan sencillito lleva sudor, lágrimas y algo de sangre también. Que el desafío de este mes del Soap Challenge Club nos ha hecho sufrir cosa mala. A mí, concretamente, me ha hecho sufrir once veces, y eso sin contar las intentonas que ni caben en la foto. ¿Pruebas? ¿Queréis pruebas? Tomad pruebas.

Sí, la foto es un horror, y sí, está tomada sobre un edredón de Las Supernenas. ¿Algún problema?

El dilema del molde

Para empezar, esta técnica (y las normas del desafío) requieren un molde plano. Tengo un molde plano chulísimo, pero es de dos litros, y no me apetecía mucho invertir dos litros de aceites caros, con sus correspondientes colores caros y fragancias carísimas, cada vez que hacía una intentona. También tengo un molde plano que me hice en plan casero, pero lo de forrarlo se me da regular tirando a fatal. A esta foto del anterior desafío me remito:

Jabon con cristales de sal

Arrugas. Arrugas. Muchas arrugas. La arruga solo es maravillosa cuando la dibuja Paco Roca.

La solución: hacerme mi propio minimolde de plático corrugado. En el grupo de Facebook del desafío, donde la gente es un amor, me pasaron las instrucciones, y la verdad, están al alcance hasta del más paquete. Esto me incluye a mí. Así que compré el famoso plástico corrugado, seguí las instrucciones y vualá! En diez minutos, molde a medida. Sorry, foto tomada con el móvil y en un momento de entusiasmo. El euro es para dar idea de la medida: es para cuatro pastillas de 6x8cm (el molde, no el euro).

 

Por supuesto, es reutilizable, se limpia de maravilla con un paño húmedo y no ocupa nada de sitio porque se guarda sin los clips, en plano. El único problema es que no encontré ningún sitio donde me vendieran plástico corrugado en cantidades razonables y me lo entregaran de inmediato, así que tuve que comprar… En fin, digamos que más que el que necesitaba. Mirémoslo por el lado bueno: puedo hacerme un molde para cada día de la semana. Para cada día del mes, si quiero.

¿Alguien necesita plástico corrugado? Tengo plástico corrugado.

Volviendo a la técnica:

En apariencia es muy sencilla. Se trata de preparar mezcla de jabón de varios colores y añadirla en traza muy fina, alternando tonos, a dos jarras. Luego, la mezcla se vierte en el molde con las dos jarras a la vez con los morros pegados (es mi manera romántica de describir el «beso» del nombre) de manera que el contenido de las dos jarras se mezcle en el aire, caiga y desplace la que ya está en el molde. Así se forman círculos concéntricos con líneas bien definidas en algunas zonas, haciendo un efecto de pluma muy bonito. He cogido una foto del tutorial que ha hecho Lisa Cunningham, de I dream of Soap (supongo que pronto publicará el vídeo en su canal de Youtube y actualizaré esta entrada) para el grupo de FB del desafío. Así veréis cómo sale el kiss pour este… cuando se hace bien. (ACTUALIZACIÓN: ya está el vídeo).

 

Virguero, ¿eh? Habréis visto que hay sutiles diferencias entre los resultados de Lisa y los míos.

De todos mis intentos se salvan, siendo generosa, dos: el que ilustra esta entrada del blog, y que Ian Watson ha bautizado como Dante (supongo que por el infierno que me ha hecho pasar) y este otro, que no sé si llamar Starry Night en plan Van Gogh o Northern Ligths en plan noruego. Son los que presento al desafío para que me vapuleen a base de bien.

Northern Lights. O Aurora boreal. Tengo que ponerle un nombre en inglés si quiero que alguien lo entienda.

 

¿Qué he aprendido en este desafío?

Un millón de cosas (entre ellas no está cómo hacer un kiss pour decente, salta a la vista).

  • Tengo que jabonear a temperatura un poco más alta para evitar los puntitos de ácido esteárico. No tienen nada de malo aparte del aspecto, pero lo que joroban…
  • Es más fácil conseguir la emulsión si se baten bien los aceites junto con parte del agua antes de añadir la sosa disuelta en el resto del agua
  • Una vez añadida la fragancia hay que sacar la batidora y no volver a meterla. No volver a meterla. No volver a meterla.
  • Para que los colores no se mezclen no basta con tener la mezcla emulsionada. Hace falta una traza fina. Para esta técnica, lo mejor es verter los diferentes colores en la jarra en punto de emulsión y luego aguardar con paciencia la traza. Tarda poco… pero hay que resistir la tentación de empezar el vertido sin traza.
  • ¡Ahora controlo mucho mejor la traza! Solo por eso ya vale la pena el desafío.
  • ¿He dicho ya que, una vez añadida la fragancia, no hay que volver a meter la batidora?

¿Me he divertido?

Eh… sí. Más o menos. Lo he pasado fatal, pero oye, cada uno se divierte como quiere. ¿Es una técnica que repetiré? Probablemente, no. Desde luego, no a corto plazo. Ahora mismo solo pienso en Charlie (y la fábrica de chocolate) y Alicia (en el país de las maravillas), que son los temas del próximo desafío. Obviamente, seguiré informando, pero si alguien me ve correr detrás de un conejo blanco que no se meta en mi camino.