El clásico jabón, el que hacía tu abuela y si tienes cierta edad tu madre (la mía, no; tengo la cierta edad, pero mi madre nunca ha hecho jabón porque dice que no le sale. O sea, puede hacerte un vestido de noche con dos trapos de cocina y la cadena del water, pero jabón, que básicamente consiste en meter la batidora en una mezcla, no) es el de aceite de oliva usado que, según dicen, va de lujo para la ropa. El primer inconveniente que le veo es que no te deja grandes alegrías a la hora de la decoración. Por lo visto, si el jabón es bonito no vale para lavar la ropa. El segundo es el tiempo de curado: como todos los jabones, hay que esperar 4-6 semanas antes de utilizarlo, pero este, dicen los expertos, no está en su mejor momento hasta que pasan seis meses. ¡Seis meses! A saber a qué hobby me estoy dedicando yo dentro de seis meses.

Otra de las cosas que echan p’atrás es que, según algunas versiones que corren por internet, y hablo de versiones fidedignas, a veces hay que dejar el jabón en el molde dos semanas enteras antes de poder sacarlo. Por eso elegí un molde viejo de silicona que ya no volverá a hacer bizcochos; un molde viejo, bastante endeble y sin refuerzos, con lo que la barra de jabón ha quedado digamos que poco angular.

Pero como dos semanas me seguían pareciendo una eternidad, eché mano también de dos trucos recomendados: el lactato de sodio y la gelificación (luego os cuento más sobre esto). ¿Resultado? ¡Éxito! Jabón desmoldado en menos de 24 horas. Y para seguir con mi vena quimicefa he probado por primera vez el dióxido de titanio. Esto no ha sido un éxito, pero tampoco una catástrofe.

La receta básica es facilita: 1 litro de aceite de oliva usado (hay que pesarlo una vez colado), 200 g de agua, 135 g de sosa cáustica. Adicionales: 2 cucharaditas de lactato de sodio y 2 cucharaditas de dióxido de titanio.

El sistema: como siempre, añadir la sosa al agua (nunca al revés, y si la mitad del agua va en forma de cubitos de hielo, mejor). Remover para disolver y esperar a que se entibie. En este momento se le añade el siempre opcional lactato de sodio. Aparte, disuelve el dióxido de titanio en en 2 cucharadas del aceite de oliva… si tu dióxido de titanio se mezcla con aceite de oliva. Aquí va un truco: lee las instrucciones del paquete, porque hay variantes que se disuelven en aceite y variantes que se disuelven en agua. Adivinad lo que no hice yo. Adivinad en qué se disolvía el mío. Una pista: no era en aceite. En fin. Luego, todo junto y batidora hasta obtener una traza fina y de ahí al molde.

En este momento entra el proceso de gelificación, del que ya hablaremos largo y tendido. Es opcional, pero muy recomendable. Se trata, básicamente, de conservar el jabón calentito pero sin excesos, que nadie quiere lavar la ropa con un cerebro de alien. Yo he tapado el molde con un trozo de cartón y lo he metido en el horno a 35º toda la noche, pero entiendo que no todos los hornos se dejan hacer estas cosas. Lo habitual es envolverlo en varias toallas y dejarlo tranquilo 24 horas.

Una vez duro el jabón, ya sea en una noche o en dos semanas, se corta y se deja curar dándole vueltas de cuando en cuando. Como siempre, vamos, pero si quieres que esté en su punto, mínimo seis meses. Ufff. Voy a ponerme una alarma.

Errores cometidos:

Muchas burbujitas en este jabón, muchas. Hay que darle un buen golpe al molde para que salgan, pero la verdad es que estaba tan lleno que si le llego a dar un golpe todavía estoy rascando jabón del techo de la cocina.

Lo del dióxido de titanio, que mira que lo dice bien claro el paquete. «Soluble en agua», dice. Con todas las letras. No me extraña que costara tanto disolverlo. Hasta una minibatidora de esas que se utilizan para espumar leche le tuve que meter. Y aún así quedaron marcas, esas que se ven en la foto. No pasa nada, pero bonitas no son. Bueno. Ya habíamos quedado en que este jabón si es bonito no limpia.

Dióxido de titanio, manchas

 

Qué hemos aprendido:

Se puede dejar el dióxido de titanio ya disuelto (en agua o en aceite, en lo que le toque al tuyo) en una botellita, porque de verdad, vaya tostón de ingrediente. Luego se añade antes de empezar a batir.

El dióxido de titanio no hace milagros. ¿Tú ves blanco ese jabón? Yo, tampoco. Habrá que ver si disolviéndolo en agua da mejor resultado, pero la verdad, el aceite era de un verde intenso. La cantidad de dióxido de titanio recomendada no era rival para tanto verdor.

El lactato de sodio tiene sus usos. Según dicen los expertos, sin él igual todavía no habría podido desmoldar el jabón. La paciencia nunca ha sido una de mis numerosas virtudes (ni la modestia).

Si la superficie del jabón queda muy rugosa y feucha puedes tirar de mandolina para alisarla. Eso sí, igual el jabón tiene que estar más duro de lo que estaba el mío: como se ve en este antes/después, queda liso, sí, pero también se le han marcado las rayas del plástico de la mandolina.

Alisar el jabón con mandolina, pero con cuidadito