Inspirado directamente por este, de Navidad, pero sin Navidad (o sea, quitando el rojo y el verde, y también el anís y el jengibre, que le daban olorcito a ponche), en cambio le he añadido ralladura de limón para darle un empujoncito a la parte exfoliante. La pena es que el olor del limón, como el de naranja, desaparecen con la saponifiación. Os queda el consuelo de saber que mi cocina olía de maravilla durante la preparación.

Importante, antes de que nadie meta la pata en casa: todo lo que se añada al jabón tiene que estar bien seco y deshidratado. La naranja y el limón han pasado 48 horas por mi deshidratadora antes de pasar 48 segundos por mi Thermomix para moler las rodajas. Si un ingrediente «fresco» entra en el jabón acabará desarrollando moho asqueroso. Y seguro que hay alguna creencia magufa que dice que limpiarse con moho asqueroso tiene propiedades medicinales, pero mira, yo no me apunto.

Con esta nueva receta la espuma debería ser menos «tostada», que parece que nos da la sensación de que, si la espuma no es blanca, el jabón mancha más que limpiar. Cosa que no es cierta, pero ya sabemos todos que los instintos son difíciles de reprimir.