También lo llaman «jabón de spa», sobre todo los que saben el valor de una buena etiqueta. Y le tenía ganas. No precisamente por su técnica decorativa, que es igual o menor que cero, sino por las propiedades…

Tranquis, que no me ha entrado el virus de la medicina alternativa ni chorripolleces semejantes. La gran propiedad de este jabón es su capacidad exfoliante, porque lleva tanta sal como aceite. La parte divertida es que, claro, semejante cantidad de sal afecta a) a la espuma, y b) a la integridad de la pastilla de jabón, con lo que hay que compensar con una cantidad de aceite de coco altísima. En general, no se recomienda más de un 20% de aceite de coco porque puede resecar mucho la piel. En esta receta va un 70%. Se compensa con un sobreengrasado del 20%, cuando lo normal es un 5% o un 7%. Además, todo el resto de los aceites son muy hidratantes. Otra característica es que más vale hacerlo en moldes individuales, porque se endurece muy deprisa y cortarlo es un poco (=un mucho) pesadilla. Ah, y aquí nada de descuento de agua. Y si añadimos fragancias… que sean de las que no aceleran la traza, que bastante rapidito va ya este.

Jabon de sal, receta

  • 190 g de agua
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 67 g de sosa cáustica
  • 350 g de aceite de coco
  • 50 g de aceite de almendra
  • 50 g de aceite de oliva
  • 25 g de manteca de karité
  • 25 g de aceite de ricino
  • 400 g de sal

¿Qué tipo de sal? La que sea mientras no lleve porcentajes muy altos de otros minerales que puedan interferir con el proceso de saponificación. Es la primera vez que lo hago y ya os contaré, pero en principio me daría un poco de yuyu hacerlo con sal gruesa. Quiero exfoliar la piel, no darle lija.

El procedimiento es al principio como de costumbre, o más bien como yo acostumbro: se añade una cucharadita de azúcar a la mitad del agua y se disuelve bien. El azúcar sirve para darle un empujoncito a la espuma, que buena falta le hace a este jabón. Luego, se añade el resto del agua en cubitos de hielo, y la sosa cáustica. Mezclamos bien y dejamos enfriar.

Mientras, derretimos el aceite de coco y la manteca de karité en el microondas, añadimos el resto de los aceites y dejamos enfriar. Añadimos la sosa a los aceites y metemos batidora hasta el punto de traza fina. Una vez ahí, añadimos la fragancia que queramos, mezclamos bien y luego va la sal. Aquí ya no volvemos a meter batidora: espátula para integrar, y con cierta velocidad, o nos puede una pasta inmanejable. La distribuimos entre moldes individuales, tapamos y al horno precalentado a 70º. Una vez dentro el jabón, apagamos el horno y hasta mañana.

Si desoyendo los consejos de tus mayores has decidido hacer el jabón en un molde tipo hogaza ni se te ocurra esperar al día siguiente: ve echando un ojo de cuando en cuando al jabón y, en cuanto esté duro, córtalo. Puede que esté aún caliente, pero córtalo. Si esperas demasiado se te desmoronará en plan parmesano viejo.

Los 400 g de sal son un 80% de la cantidad de los aceites, y es la versión más «conservadora» y manejable de este jabón. Hay quien pone la misma cantidad de sal que de aceite (en este caso sería medio kilo). Y hay quien pone la misma cantidad de sal que del resto de ingredientes, con lo que aquí serían 750g. Sí, algunos van muy sobrados. También, dicen los rumores saponeriles, este jabón se puede usar a los cuatro-cinco días, como todos… pero da mucho mejor resultado si lo dejas curar seis meses. No sé yo si voy a tener esa paciencia.