Lo que se me ha metido en la cabeza aprender es lo que llaman proceso en frío. Cosa que no tiene sentido, porque como veremos y notaremos la cosa se pone caliente enseguida. Por el momento estoy haciendo como si no existiera el proceso en caliente porque, en principio, los jabones no quedan tan bonitos (me reservo el derecho a cambiar de opinión en el futuro). Y también está la glicerina, que es básicamente derretir jabón ya hecho y darle formas y colorines. Esto también me tienta, pero ¡no! Resistiré. Dejadme dominar primero el proceso en frío y luego hablamos.

El proceso básico es el siguiente:

  • Búscate una receta de confianza (o si hay ganas y entusiasmo mete datos en una calculadora de jabones como Soapcalc, a ver qué te sale; a poco que te pongas son fáciles de utilizar).
  • Prepara con antelación todo. Ten medido con antelación todo. He dicho TODO. Una vez en harina no vas a tener tiempo ni temple para empezar a medir cosas.
  • Pon el agua en un cuenco de cristal y añade la sosa cáustica con cuidado (no el agua a la sosa; la sosa al agua. Si no, Pasan Cosas Malas). Remueve de cuando en cuando y deja enfriar. Nota para nota: si la mitad del agua viene en forma de cubitos de hielo te vas a ahorrar los vapores asquerosongos de la sosa cáustica, y encima se enfriará antes.
  • Añade la mezcla de sosa y agua a los aceites tibios. Si alguno era sólido (en plan manteca, coco, cacao…) tiene que estar derretido, se entiende.
  • Mete la batidora y enciéndela tres o cuatro segundos. Para y remueve. Repite. Cuando la mezcla emulsione y empiece a dejar marca, ligerita (esto se llama traza), ya está. Al molde.
  • Tapa el molde con un cartón, envuélvelo con varias toallas para que conserve el calor, olvídate de él unas horas. (Añadido gracias a la experiencia: déjate de toallas: precalienta el horno a 75º, tapa el molde, mételo dentro, apaga el horno y olvídate de él hasta el día siguiente).
  • Una vez frío y duro como mi corazón, desmolda, corta en porciones y deja curar 4-6 semanas en un lugar bien ventilado, dando la vuelta de cuando en cuando (Aquí viene de nuevo la experiencia: resulta que lo de la curación no es imprescindible, para nada. A los dos o tres días ya se puede usar el jabón. Lo que pasa es que queda mucho mejor y dura más si lo dejas endurecer).