Este jabón huele a ponche, al muy británico Christmas pudding, a vino caliente en un mercadillo alemán… Huele a clavo, a canela, a anís, a jengibre y a laurel. Diría que también huele a naranja, porque lleva, y abundante (previamente deshidratada, claro), pero no. Ese olorcito se lo ha comido la saponificación. Lástima. Al menos queda como ingrediente exfoliante.

La receta es… básicamente, cualquiera que no acelere demasiado, y se le añaden ya a la traza 1 cucharadita de miel disuelta en una cucharada de agua por cada medio kilo de aceites, y un 5% del peso total del jabón en especias molidas. Por ejemplo, en mi caso los aceites, el agua y la sosa me daban un peso total de 1400 gramos, así que he añadido 70 gramos de especias, las mencionadas antes. Dos días después de cortar las barras el aroma es sutil, pero inconfundible.

La decoración pretendía ser navideña también, con dorados, verdes y rojos. Bueno, dos de tres, no está mal. Y en la imagen queda bastante claro que la mezcla se aceleró a toda leche mientras hacía el vertido, tanto que casi no me dio tiempo a hacer dibujos; acabaron más esculpidos que otra cosa. No queda mal, aunque no era el efecto buscado, y el jabón estará a punto para mis regalitos navideños.