El nombre, bien, ¿eh? Lo primero, la receta. Es para repetirla, adelanto.

  • 180 g de agua
  • 128 g de sosa caustica
  • 300 g de aceite de orujo de oliva
  • 250 g de aceite de coco
  • 125 g de aceite de maíz
  • 150 g de manteca de cerdo
  • 50 g de aceite de aguacate
  • 25 g de aceite de ricino
  • ½ cucharadita de mica negra
  • 2 cucharaditas de lactato de sodio
  • 1 cucharadita de aceite esencial de cedro

Preparamos la mezcla de agua y sosa, como de costumbre utilizando sustituyendo la mitad del agua por su peso en cubitos de hielo, y lo dejamos enfriar. Derretimos las grasas sólidas, añadimos las líquidas (menos una cucharada de una, de cualquiera) y dejamos enfriar también. Con enfriar quiero decir a menos de 40º, tampoco es cosa de meter el puchero en la nevera (y que las grasas sólidas vuelvan a solidificarse.

Añadimos el lactato de sodio a la mezcla de sosa. Todavía me dura la primera botellita. Ya te digo yo que no vuelvo a comprar. Se puede sustituir con sal de mesa, a razón de una cucharadita por cada medio kilo de grasas.

A la cucharada de aceite reservada le añadimos la mica negra y disolvemos bien. Mezclamos la sosa con los aceites, enchufamos la batidora y batimos-removemos-batimos. Nada de batir más de tres-cuatro segundos seguidos. Hay que ir pelín más allá de la emulsión, pero solo pelín.

Sacamos parte de la mezcla a un recipiente más pequeño. ¿Qué parte? Va en gustos. Para un efecto sutil y elegante, con el equivalente a un cacillo de sopa va que chuta. A esta parte le añadimos la mica disuelta y removemos bien. A la parte del león, la que queda natural, le añadimos el aceite esencial, y removemos bien.

Llenamos el molde hasta la mitad con la mezcla color natural. Luego, en el centro, hacemos una línea negra y gruesa a todo lo largo con la mezcla negra. Por último, añadimos el resto de la mezcla natural, ahora con más cuidadito, primero a ambos lados de la línea negra y luego por encima.

Entra en juego la percha, que no tiene que ser una percha: Vale con un alambre grueso cortado y doblado de manera que la parte larga tenga pelín menos de longitud que el interior del molde, y los lados nos permitan agarrar con comodidad sin meter los dedos en el jabón (pero por si acaso quieres ser fiel al título, aquí te enseñan a hacerlo con una percha-percha). Metemos el lado largo en un lado del molde y lo llevamos hacia el otro lado en un movimiento ligeramente ascendente. De ahí volvemos al lado original, también con un movimiento ascendente. Y repetimos. Básicamente, se trata de hacer un zigzag de toda la vida.

Luego, lo de siempre: envolver y dejar reposar hasta que sea hora de cortar. Este creo que lo corté a las dos horas por impaciente, que debería haberlo dejado en el molde un poquito más.

¿Qué hemos aprendido?
La mica negra me da como mucho un gris aburrido, y como soy novata moví demasiado el alambre. La próxima vez, movimientos más simples y color más intenso. Por cierto, en Me Do It Myself hay unos cuantos “diagramas” de cómo hay que mover el alambre. Lo que queda claro es que va en gustos.

Actualización: El aceite esencial de cedro ha funcionado igual que el de naranja: mal.