Hacer jabón es un proceso químico, y no precisamente delicado. Hay sosa cáustica de por medio. Nada que implique sosa cáustica puede ser delicado, como habrás notado si te salpica y no te lavas de inmediato, a ser posible con vinagre.

Por eso hay que tomarse con mucha precaución las afirmaciones de que tal jabón está hecho con aceite infusionado con alas de ángel y por tanto es bueno para la vesícula, porque… ¿qué queda de las alas de ángel después de pasar por la guillotina de la sosa cáustica? ¿Qué propiedades sobreviven a la saponificación, cuáles no? Me apunto a escuchar cualquier explicación con base científica.

Un ejemplo de lo agresiva que es la saponificación es lo que hace con los colores. Esos deliciosos preciosos trozos de beicon jabón que ilustran este artículo debían ser de un rosa intenso con vetas de blanco cremoso. El blanco cremoso sigue ahí, pero el rosa… ejem. Y juro que el color se hizo a partir de micas específicas para jabón. Por suerte me sobró un poco de colorante, que presento como prueba de mi inocencia.

Si hubiera querido hacer un jabón que pareciera un trozo de panceta no me habría salido tan bordado. Va a dar un poco de grimilla lavarse las manos con eso…