Los colorantes no se comportan bien en el jabón. Es un hecho conocido. Conocido por todos menos por mí, que me empeño en reinventar la rueda a cada paso, pero ese es un tema para hablarlo con el psicólogo que no tengo ni pienso tener.

El caso es que no, los colorantes no se comportan como cabría esperar. Aquí vimos cómo el azul se transformaba en verde por obra y gracia de la mezcla con amarillo, cosa que tiene sentido. Pero el resto de mis micas… no han dado el resultado esperado. Ni de lejos.

Va un botón de muestra en la foto: Abajo, los colores utilizados. Arriba, el resultado, y eso después de añadir el doble o el triple de la cantidad recomendada. Cualquier parecido es pura coincidencia e imaginación del espectador. También he de reconocer que la mica que utilizo no es específica para jabones. He tirado de la que tengo para resina epoxy. ¿Y qué, pensé yo? Pues mucho, parece ser. Si no es específica que es para jabón hecho con proceso en frío, es decir, diseñado para soportar el ataque químico de la sosa cáustica, el pigmento utilizado para colorear las micas puede reaccionar de maneras caprichosas. Y cuando digo caprichosas no es como en “me voy a dar un capricho”, sino más bien como en “a ver si educas a tu hijo y le quitas tanto capricho”.

Sin ir más lejos, los dos tonos de rosa que utilicé ayer se esfumaron sin dejar rastro en cuanto removí la mezcla. Como si no hubiera añadido colorante. Cero. El azul, ya sabemos, se transformó en verdoso por obra y gracia de los aceites amarillos, pero cabe suponer que en un aceite blanco/incoloro se habría comportado bien. O no. Quién sabe. El verde, que añadí para darle más chispa al azul enverdecido, no dio ningún resultado perceptible.

Así que hoy no estoy en modo hacer jabón. Estoy en modo probar colorantes. Para eso, voy a hacer una mezcla única de sosa y grasas utilizando solo grasas blancas: manteca de cerdo y aceite de coco. Tendré los colorantes ya preparados con aceite de girasol superrefinado, que tiene sabor cero pero a quién le importa, no nos lo vamos a comer (por favor, no os comáis los jabones) con lo que es amarillo, pero muuuy clarito. Y haré minijabones en moldes pequeños o cubiteras de hielo. Voy a probar todas las micas que tengo y también unos cuantos colorantes “naturales”. Ya sabemos que la zanahoria de buen resultado, pero tiene el problema de que hay que compensar la cantidad de líquido en el puré, y es un poco pesadilla matemática, así que tiraremos de pimentón, cúrcuma y cacao (cacao de verdad, amargo, no me vayáis a echar nesquick).

Voy a dejar la cocina hecha unos zorros. Me debéis una.