Parece una chorrada, pero el cuchillo con el que vas a cortar el jabón… que esté afilado. Si no está bien afilado, el tacto del jabón en la zona del corte será “rugoso”, como áspero. Vale, se quita cuando se utiliza, pero la primera impresión queda chunga.

Otro problema es si eres impaciente. No sé si lo he mencionado, pero yo soy impaciente. Hay que esperar a que el jabón esté firme. No duro-duro en plan de que al cortarlo se desmorone como queso parmesano, pero sí lo suficientemente firme como para que, al cortar, el cuchillo no “arrastre”, porque así también queda rugoso-áspero-chungo. Por ahora, lo que mejor resultado me ha dado ha sido un cuchillo jamonero (rebautizado como jaBonero, claro), pero tengo pensado utilizar un cortador de bizcochos, de los que se utilizan para separarlos por capas antes de hacer una tarta. Seguiremos informando.

Te acabarás comprando un cacharro como este. A ser posible, mejor que el mío. Pero esto solo te da la medida, y el cuchillo sigue siendo la clave. (Edito: no está sucio, leches. Son restos de jabón. ¿Cómo puede algo estar sucio de jabón?)

Para cortar el jabón

Por ejemplo, mi cortador venía con dos rasquetas que no valen ni para cortar el café. Estas. ¿Alguien las quiere? Yo tengo mi cuchillo jam/bonero. La ondulada sobre todo es muy mona… para utilizarlas una vez. Luego volverás al jabón liso, que es el que queda más bonito. Guárdala para hacer patatas onduladas, que tiene más sentido.

Rasquetas cortadoras

 

En cuanto a las esquinas biseladas, quedan muy pro, y con un pelapatatas de toda la vida te apañarás de maravilla. Pordiós, con la parte de filo, no con la parte de sierra.

Pelador