Mi segundo intento con la técnica del drop swirl (se puede traducir como remolinos a gotas, pero dicho así queda muy poco tentador) no ha salido del todo mal, y para ser tan sencilla da resultados muy resultones, valga la redundancia. Es el segundo intento. El primero (foto de abajo) no quedó del todo mal, pero tampoco fue como para llamar a la prensa.

La clave para la próxima va a ser buscar colores más vivos, cosa que se dice fácil. En la práctica no lo es tanto. Tengo muchas ganas de probar los colores líquidos de la Gran Velada; en cuanto mis economías se repongan un poco hago un pedido y os cuento. Por lo pronto, sigo tirando de micas de AliExpress… y francamente, dejan mucho que desear.

Pero la técnica en sí es fácil, en serio. La mezcla tiene que estar con una traza entre ligera y media, más tirando a media. Si es demasiado ligera los colores se emborronarán. Las proporciones, al gusto, pero yo diría que un 60 por ciento para el color claro y el resto dividido en al menos tres colores, de los cuáles uno tiene que ser lo más parecido posible al negro, o al menos muy oscuro.

Se trata de verter una capa gruesa de un color claro (en este caso, blanco gracias al dióxido de titanio). Luego, encima y con cuidadito, una capa fina del color más oscuro. No hace falta que sea una capa completa, pueden quedar huecos. El truco viene ahora: vierte uno de los colores haciendo líneas a lo largo del molde, pero desde una buena altura. De esta manera, el color «hunde» el negro y queda con forma de gota. La gravedad es tu amiga. Luego, puedes añadir otra capa de negro con cuidadito, o bien desde arriba más líneas de otro color. Si consigues que las líneas del color 2 caigan (¡más o menos!) sobre las del color 1 el efecto es muy bonito.

La idea es hacer varias capas así hasta llenar el molde, y luego gelificar (por el aquel de que los colores queden vivos), enfriar y cortar. Esta técnica tiene pinta de ser de las que quedan bien a la tercera, así que adivinad qué voy a hacer ahora mismo.

Mi primer intento de drop swirl

Drop swirl, primer intento. Bastante patatero, pero aún así, prometedor.