Recetita, lo primero. La receta está bien, es la traza, la condenada traza, lo que me ha fastidiado esta vez. Pero me ha fastidiado moderadamente. Los jabones no han quedado de concurso, pero sí para enseñárselos a mi madre y que aplauda (los estándares de mi madre no son muy altos).

Receta jabón de romero
  • 140 g de agua
  • 104 g de sosa cáustica
  • 250 g de aceite de orujo de oliva
  • 150 g de aceite de coco fraccionado
  • 125 g de aceite de girasol
  • 50 g de aceite de palma
  • 25 g de aceite de ricino
  • 100 g de manteca de cerdo
  • 1 cucharadita de AE de romero
  • ½ cucharadita de caolín blanco
  • 1 cucharadita de mica verde

Nerviosa como una tierna florecilla, organicé los ingredientes. Para quien le interese, el orden correcto para una máxima eficacia, esto es, no quedarse media hora mirando Instagram mientras la sosa se enfría, viene a ser así:

  • Disolver la sosa en el agua (mitad agua mitad cubitos de hielo). Así se va enfriando en lo que haces lo demás.
  • Derretir los aceites sólidos a fuego bajo en una cazuela de acero inoxidable. Apartar para que se vayan enfriando.
  • Remover la sosa de cuando en cuando y, mientras, añadir a la cazuela los aceites líquidos menos una cucharada. Hay que reservar una cucharada de cualquiera de los aceites líquidos.
  • Seguir removiendo la sosa para que se vaya enfriando. A esa cucharada de aceite reservada, añadirle la mica y mezclar lo mejor posible.
  • Seguir removiendo la sosa de cuando en cuando y mezclar el caolín con el aceite de romero en otro cuenco pequeñito.
  • Esperar a que tanto la sosa como los aceites estén a menos de 40º

Luego, ya sabéis: se añade la mezcla de sosa a los aceites y se bate con la batidora hasta el punto de traza fina. Luego, pasamos la mitad del jabón a un recipiente y le añadimos la mica disuelta; el aceite esencial disuelto en el caolín, a la otra mitad. Un momentito de batidora… y ahí fue donde metí la mitad de la pata.

Una vez añadido el aceite esencial, la traza se aceleró, o sea, la mezcla se espesó bastante. Esto pasa mucho, dicen los que saben, así que no me preocupé demasiado.

La idea era hacer un jabón en dos capas, una natural y una verde. Y ahí metí la otra mitad de la pata: puse en la base del molde la mezcla verde, la que no se había acelerado, y encima la natural, la más espesa, y encima a toda prisa porque se estaba solidificando por momentos. Eso hizo que las capas no quedaran precisamente niveladas, como se ve en la foto. Anoto para la próxima

Qué hemos aprendido:

La próxima vez que vaya a usar aceite esencial, traza ligera, no, ligerísima. Se trata de darle el punto exacto a la mezcla. Dar chutes de batidora de un par de segundos, remover y luego sacar la batidora y examinarla con atención. Deja pasar unos segundos. ¿Se separa el aceite? La mezcla no está emulsionada aún. Repetir la operación. ¿Ya no se separa? Hay emulsión. ¿No hay traza aún? Igual ni hace falta: añade el aceite esencial y remueve con una espátula de silicona. ¿Se ha espesado? Pues al molde. ¿Sigue sin espesar? Un chute de batidora. Uni. Y remueve. Que esto pasa de “uy, no se espesa” a “uy, me he pasado” en un instante.

Actualización: dos semanas después, la madre que me parió, qué bien huele el romero y no se va. Vale la pena recomendarlo, es de Jabonarium.

Otra actualización: Vaya por dios. Resulta que, según Soapcalc, mis jabones hasta la fecha tienen una barbaridad de ácido linoleico. Eso es por el aceite de girasol. En esta receta en concreto el valor que da es 19 (¿19 qué? Ni idea), y es conveniente que esté por debajo de 15. De hecho, lo que tiene que estar por debajo de 15 es la suma del ácido linoleico y el ácido linolénico, y como el linolénico lo tengo en 1 (¿1 qué? De nuevo, ni idea) el total es 20. 20 es más de 15. Siempre se me dieron bien las matemáticas.
Por lo visto, en principio no pasa nada, pero los jabones que se salen de los valores recomendados en esos dos ácidos tienden a desarrollar DOS, Dreaded Orange Spots (Horrorosos Manchurrones Anaranjados). A enranciarse pronto, vamos. Así que la solución es bajar la proporción de aceite de girasol (ojo con el de maíz, que también tiene un porcentaje alto) y regalar rapidito los jabones ya hechos antes de que les salgan los puntos esos y huelan a manteca rancia. Esto lo voy a copipegar en todas las entradas previas en plan alerta, así que, si lees estas líneas por cuarta vez, es como un viaje en el tiempo y acabamos de cruzarnos, porque yo las acabo de teclear.

Jabón de romero