Hace poco decíamos que casi todos los desastres jaboneros tienen arreglo. Casi todos. Si te has pasado un poco con el agua solo toca esperar más para desmoldar. Si te has pasado mucho, refundir. Si te has quedado un poco corto con la sosa solo tendrás que limpiar el aceite ssobrante de la superficie del jabón. Si te has pasado mucho, en plan «socorro, hay una piscina de aceite en mi molde», refundir. Si se te ha olvidado añadir la fragancia es un jabón para esa gente a la que no le gustan las fragancias (los hay). Si la fragancia te ha acelerado la mezcla, haz «plastelina de jabón» (tengo que hacer una entrada sobre este tema, que mola mucho; mientras, googlead «soap dough«).

La clave ahí es el «casi». Hay un desastre jabonero que no tiene remedio y es cuando nos hemos pasado con la sosa.

Puede ser por cualquier motivo: un fallo de la báscula, un despiste al calcular, olvidarnos de un aceite en la mezcla… El caso es que no notarás nada raro. Al principio. El problema es al cortar, cuando verás unos puntitos blancos y se te helará la sangre en las venas, porque eso quiere decir que el lote entero va a la basura.

Recapitulemos:

Al hacer jabón mezclamos dos ingredientes, sosa cáustica y grasas (el agua es irrelevante), en unas cantidades muy específicas, para provocar un proceso químico, la saponificación. Las cantidades son concretas y existen calculadoras en internet porque cada tipo de grasa requiere una cantidad diferente de sosa para convertirse en jabón. ¿Qué pasa si añadimos más aceite? Si es una cantidad razonable, no solo no pasa nada, sino que generalmente es lo que buscamos: el sobreengrasado, que hace que nuestro jabón sea más hidratante. ¿Y si nos pasamos mucho? Pues sobra aceite, que se puede quitar, o bien podemos refundir el jabón. Pero si se nos va la mano en la sosa… no tiene remedio. Quedará sosa sin saponificar, y no quieres frotarte la cara y las manos con sosa sin saponificar, te lo digo yo.

La sosa sin saponificar forma «bolitas» blancas. Sí, ahí donde parecen picotazos de pájaro he sido yo intentando negar lo innegable. ¿Cómo sabemos que es sosa? La prueba infalible es la lengua. En serio. Toca la zona blanca con la punta de la lengua. Tampoco te pases, no hace falta que le des un lametón. ¿Notas un picor, casi un calambre? Sosa.

Jabón a la basura sin contemplaciones. Y mira que me había quedado bonito. Grrr.