Mira, en plata, todo eso son chorradas. Por mucho que el aceite de argán tenga efectos antioxidantes, ¿qué cantidad te tienes que aplicar? ¿Cada cuánto tiempo? ¿Es un tratamiento puntual o acumulativo? Esos efectos mágicos, ¿se conservan tras un proceso químico tan agresivo como la saponificación? ¿Cuánto rato tienes que dejar actuar el jabón con aceite de argán para que haga algo? Si sabes la respuesta a esas preguntas, felicidades. Adelante con tu aceite de argán. Si no sabes la respuesta, utiliza el aceite de argán porque hace una espumita estupenda, y para las cosas médicas ve al médico, que para algo ha estudiado.

Sobre la parte en la que el aceite esencial de rosa mosqueta cura la depresión y el de menta piperina incrementa la agilidad mental ya ni hablamos, ¿vale? Si no eres de los que en la época de los charlatanes habría comprado un crecepelo a un vendedor ambulante, utiliza los aceites, los aromas y el resto de los ingredientes porque huelen bien o hacen un jabón estupendo, no por sus más que dudosas propiedades mágicas.