Hay veces que ves una técnica diferente en Youtube y te mueres por probarla. A mí me pasa mucho. Todos los días. Varias veces. Por ejemplo, con este vídeo del canal Soaping 101. Así que eché mano de una de mis recetas probadas, concretamente la que utilicé para mi primer (y por ahora único) intento de hanger swirl.

Las recetas probadas y comprobadas a prueba de fallos solo son probadas y comprobadas y a prueba de fallos si no introduces variantes. Espóiler: yo metí variantes.

La primera, el color. ¿Ese gris del jabón? Tenía que ser un azul intenso. Habría molado mucho, que lo tenía yo muy visualizado. Pero… utilicé un colorante alimentario en polvo que tiñó la mezcla de… ¿verde? De verde. Lo juro. Los colorantes alimentarios hacen cosas muy extrañas. Con la agilidad y cintura que me caracterizan, decidí que el verde también estaba bien. Mal hecho. La mezcla, para burlarse de mí, se fue volviendo gris por momentos. Y ojo, que no tengo claro que haya acabado de mutar, aunque el jabón está ya terminado. Seguiremos informando.

La segunda variante, la gorda, el aceite esencial. Compré un aceite esencial de clavo de la misma marca que el de romero, que me había dado muy buen resultado. Y no. No debían de ser de la misma familia. No debían ni conocerse. Por no aburrir, el aceite esencial de clavo provocó aceleración de la traza, o sea, que la mezcla se espesara. La aceleración puede ser ligera, marcada o bestia (estos no son términos técnicos, sino mis descripciones basadas en la dolorosa experiencia). En este caso fue bestia, muy bestia. Hubo que sacar el jabón a cucharadas, y he hecho croquetas con masa más manejable.

Al final, lo que más me había llamado la atención del vídeo era el toque dorado en el exterior: la autora disuelve mica dorada en un poquito de aceite, muy poco, lo justo para hacer una pasta fluida, y con esta mezcla pinta sobre el jabón. Este aceite no está integrado en la mezcla, pero es una cantidad tan pequeña que el jabón lo reabsorbe y el efecto final es precioso.

Os resumo el vídeo, aunque es mejor verlo, claro.

  • Preparar la mezcla de jabón de la manera habitual. Tiene que quedar con traza media, no ligera (y no como me quedó a mí, desde luego).
  • Separar un tercio y añadirle el colorante
  • Echar en el fondo del molde un tercio del jabón sin colorante. Añadir una parte del coloreado a cucharadas y hacer remolinos con un palillo largo.
  • Con un colador de malla fina echar una capa de mica dorada sobre el jabón
  • Añadir una tira de jabón sin colorante a todo lo largo del molde, en un lado, y unas cucharadas del coloreado. Hacer remolinos sin llegar demasiado abajo con el palillo. Echar mica dorada solo sobre el jabón nuevo.
  • Cubrir con el resto de los dos jabones y hacer remolinos, de nuevo con cuidado.
  • Disolver mica dorada en un poquito aceite y pintar la superficie del jabón
  • Dejar secar, desmoldar y cortar tumbándolo sobre un lado para no «arrastrar» las líneas de mica.

¿Qué hemos aprendido?

Que no todos los aceites esenciales se comportan igual, aunque sean de la misma marca.

Que la primera vez que utilicemos un colorante hay que probarlo con una pequeña parte de la mezcla, no con todo el lote, ahí a lo bestia.

Que los desastres a veces se pueden hacer pasar por golpes de genio.

Que se puede decorar la superficie del jabón, antes de curar, con mica disuelta en muy poquito aceite. El aceite se reabsorbe, la mica se queda, y el efecto es precioso.

Obviamente, con una mezcla tan espesa han quedado agujeros, burbujas, y los remolinos brillan por su ausencia. Pero… me gusta el efecto final. Me gustan esos agujeros que le dan aspecto de piedra natural. Veremos si el gris no sigue mutando, pero la parte de las líneas de mica, y sobre todo la decoración en la parte superior, son para repetir.