Receta jabón de bastilla y leche de cabraEl bastilla, como ya se comentaba por aquí, es un jabón de castilla pero menos. O sea, el jabón de castilla se tiene que hacer exclusivamente con aceite de oliva, y el bastilla basta con que lleve un mínimo de un 70%. Hay gente que usa el jabón de castilla para todo, desde la ducha a los platos pasando por los cuellos de las camisas. Yo para los platos no me apaño, y para la ducha no me gusta: hace poca espuma y me resulta un poco «baboso». Pero precisamente porque hace poca espuma es ideal para quitar manchas de la ropa antes de mandarla a la lavadora. Lo de la ducha es una pena, porque el jabón de castilla es superhidratante incluso sin sobreengrasado, pero es lo que hay. La otra desventaja del jabón de castilla es que hay que curarlo al menos seis meses para, mientras que al bastilla le vale con las 4-6 semanas habituales.

Esta receta de bastilla con leche de cabra tiene lo mejor de ambos mundos.

La leche de cabra aporta cremosidad y azúcares que mejoran la calidad de la espuma, y el 5% de aceite de ricino, aparte de hacer burbujitas, da estabilidad a la espuma. De los ingredientes adicionales, el DT, dióxido de titanio, se utiliza para dar un color más blanco al jabón (en este caso porque estaba utilizando aceite de oliva usado y, además, la leche de cabra da un color amarillento que no mola). El lactato de sodio sirve para que el jabón endurezca y se pueda desmoldar antes, cosa casi imprescindible cuando hay un porcentaje de aceite de oliva tan alto. El ácido cítrico no lo uso a menudo, pero la verdad es que me tengo que acostumbrar, porque es probablemente el añadido más barato y eficaz para el jabón. Hay una leyenda urbana jabonera que dice que sirve para rebajar el pH del jabón. Los textos más científicos que he encontrado dicen que es mentira, así que no van por ahí los tiros: los efectos más interesantes son evitar que el jabón se enrancie y ayudar a la espuma si el agua es muy dura. También incrementa el sobreengrasado, así que hay que compensar añadiendo más sosa o, como en este caso, programando un sobreengrasado mínimo, el 5%.

El principal inconveniente es que hay que congelar la leche de cabra.

Si no, al añadirle la sosa se quemará, y el pestazo a ácido será muy potente. El olor desaparece luego, con los días, pero no es nada agradable mientras tanto. Preguntadme cómo lo sé. Una vez congelada la leche de cabra en cubitos, se ponen en un cuenco resistente y se añade la sosa, y se va removiendo hasta que se derritan. No es un proceso rápido, pero bueno, se puede ir preparando todo lo demás mientras, porque basta con darle unas vueltas a los cubitos de cuando en cuando.

Para este bastilla me he liado la manta a la cabeza y he probado una mezcla nueva de aceites esenciales: 50% de hinojo dulce, 40% de lemongrass y 10% de menta. Para «anclar» los aceites y que no se pierdan durante la curación los mezclo con un par de cucharadas de arcilla blanca de caolín.