Es el segundo intento con la misma receta, pero quitando los errores indicados por los expertos jaboneros.

La receta (no recomendada, pero tampoco es una catástrofe):

  • 230 g de agua (mitad en cubitos de hielo)
  • 113 g de sosa
  • 1/2 cucharada de lactato de sodio
  • 10 g de óxido de zinc
  • 125 g de aceite de girasol
  • 150 g de aceite de coco fraccionado
  • 125 g de aceite de palma
  • 250 g de aceite de oliva
  • 25 g de aceite de ricino
  • 90 g de manteca de cerdo
  • 1/2 cucharada de lactato de sodio
  • 10 g de óxido de zinc

Aclaro que el único motivo para cambiar la cantidad de manteca con respecto a la fórmula anterior es que no tenía más. 90g me han salido rebañando la tarrina. Ese cambio hace inmediatamente que la calculadora recalcule (es lo suyo) la cantidad de agua y sosa cáustica.

Mismo procedimiento: hay que mezclar el óxido de zinc con aceite de girasol del de la receta. Con paciencia, que lleva su tiempo. Luego, se añade a los aceites tibios, con las grasas sólidas ya disueltas.

Aparte, se mezcla el agua con la sosa. En serio, el truco del hielo es brutal, no hay casi vahos. Lo dejamos enfriar bastante y añadimos el lactato de sodio.

En este momento las dos mezclas están a menos de 40º. Ahí añado la sosa a las grasas, meto la batidora…

…y ya está, otra vez, natillas instantáneas. No sé si se ve bien en la foto, pero literal. Pegotes de mezcla.

natillas de jabón

He seguido batiendo para que al menos quedara todo de la misma textura, y la verdad es que los pegotes han desaparecido, como disueltos, y la mezcla ha vuelto a estar semilíquida. De ahí al molde, molde tapado, molde envuelto y adiós hasta la mañana siguiente.

A la mañana siguiente, la primera sorpresa, agradable, es que no hay cerebro de alien. Todo un progreso. Al desmoldar, el aspecto exterior es perfecto, liso, cremoso. Alguna burbujita que otra, pero nada grave. Es la segunda (y última) buena noticia.

En el corte, vuelven los ríos de Babilonia, digo de glicerina. Y a lo bestia.

Lo curioso es que esta vez los ríos de glicerina están en todo el centro, mientras que el exterior es homogéneo y liso. En el intento anterior, el centro-centro era bastante homogéneo,  y los ríos de glicerina iban más hacia la periferia.

Así que repasemos los cambios:

Lactato de sodio: he puesto la mitad y no hay ningún cambio. La barra sigue muy dura, incluso más que la primera.

Óxido de zinc: he puesto el doble que en la primera receta y no hay ningún cambio. Color igual que la primera.

Estoy segura de que el Quimicefa no te tomaba el pelo así.

¿Cambios para la próxima vez? Pues fuera lactato de sodio, que no sirve para gran cosa, y fuera óxido de zinc. Por lo visto, según los expertos jaboneros, el óxido de zinc puede tener relación con los ríos de glicerina. Otra cosa que me han dicho es que baje mucho la proporción de agua-sosa cáustica. Que los ríos llevan agua, y cuando el río suena, pues eso.

Actualización: Vaya por dios. Resulta que, según S0apcalc, mis jabones hasta la fecha tienen una barbaridad de ácido linoleico. Eso es por el aceite de girasol. En esta receta en concreto el valor que da es 19 (¿19 qué? Ni idea), y es conveniente que esté por debajo de 15. De hecho, lo que tiene que estar por debajo de 15 es la suma del ácido linoleico y el ácido linolénico, y como el linolénico lo tengo en 1 (¿1 qué? De nuevo, ni idea) el total es 20. 20 es más de 15. Siempre se me dieron bien las matemáticas.
Por lo visto, en principio no pasa nada, pero los jabones que se salen de los valores recomendados en esos dos ácidos tienden a desarrollar DOS, Dreaded Orange Spots (Horrorosos Manchurrones Anaranjados). A enranciarse pronto, vamos. Así que la solución es bajar la proporción de aceite de girasol (ojo con el de maíz, que también tiene un porcentaje alto) y regalar rapidito los jabones ya hechos antes de que les salgan los puntos esos y huelan a manteca rancia.